Eran las cuatro cuando fuimos a buscar a
Jordina. Llegamos a su casa y no hizo falta ni siquiera tocar el timbre. La
chica subió al coche muy contenta y me contó en medio de una sonrisa que tenía
muchas ganas de ir a la playa con Ester y Cèlia.
Empezamos el trayecto hasta Cassà,
mientras tanto, estábamos hablando con ellas por WhatsApp y pareció que tenían
las mismas ganas que nosotras de pasar el día juntas.
Cuando llegamos a la gasolinera donde
habíamos quedado no las vimos, sin embargo, tardaron tres segundos en salir del
coche chillando. Corrimos hacia ellas y nos abrazamos. <<Hola>>
decíamos todas <<¿Qué tal?>> <<¡Ay qué ganas!>>
<<¡Sí sí sí!>>. Y subimos al coche. Llegamos a Palamós. Allí había
el chiringuito de Quimeta, una amiga de mi madre que había venido con nosotras.
Dejamos todo (móviles, ropa...) con ellas y fuimos a la bañarnos.
Jordina y yo no habíamos conocido a
Ester antes de aquel día, pero no nos costó nada ir juntes y hacer mil y una
bromes. Allí, con elles y aquel sitio brillante, soleado, Dorado y
tranquilizante, descubrí que en la vida tienes que lanzarte de cabeza, a
veces, y no tenerle miedo a la
vergüenza.
Estuvimos todo el rato riendo y
pasándolo en grande, hasta cuando cenamos en aquel chiringuito acogedor,
pequeñito y que te hacía sentir como en casa. Y comiendo llegó la despedida,
las llevamos a casa e intercambiamos cuatro palabras:
-Nunca había pensado que una persona que
no conocía de nada, en cinco horas podría llegar a formar tan importante parte
de mi vida.
-¡Ay qué guapa! ¡Te quero, hasta el SEDIS!
Cap comentari:
Publica un comentari a l'entrada