Centelleante, dorado, manchado,
puntiagudo, morrudo. Liviano, especial, único. Así definiría al pez sol.
Extravagante pero invasor, pequeño pero abundante. Los tonos turquesas y
naranjas hacen de nuestro animal un pez singular.
Este pez norteamericano se instaló en nuestro apreciado lago en el pasado
siglo XX, aportando un grave peligro en el medio ambiente de la zona.
En primavera, el macho que posee
los colores más vistosos del lago conquista a la hembra con la que danzará un
bailoteo sobre un hueco, hecho por el varón, en medio de la arena más tierna
del lago. Ella desprenderá sus huevos y él su esperma, dando fruto a unos
pececitos que diez días después de nacer abandonan el nido protegido por su
padre.
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